Introducirse en el ciberpunk es como adentrarse en cámara lenta en una ciudad nueva pero antigua, desconocida y a la vez inconcientemente internalizada (ya estuve aquí, quizás en otra vida, o en otra dimensión). Caminas por sus calles como hipnotizado por el paisaje, por la estética, te invade la fascinación y una insaciable curiosidad mientras sientes vibrar apenas el suelo y sabes que al doblar la próxima esquina ya no podrás volver, ya no querrás volver.
Si bien desde el prólogo Sterling aclara que «el típico escritor ciberpunk» no existe, reconoce que hay ciertas características comunes que dan lugar a la percepción de una «corriente» ciberpunk.
El entorno, los paisajes ciberpunk, se destacan por su potencia visual. Ciudades de posguerra, alta tecnología, viajes alucinógenos. Las imágenes nos llevan de la mano (o del implante) a ver de cerca el reflejo esencial de la imaginación humana. Nos conectan.
Cuando la última oleada le alcanzó, Cage se agarró a la piedra. La multitud desapareció, la cúpula se desintegró, el aparcamiento, la A360, todo signo de civilización desaparecido. Entonces las piedras se despertaron y comenzaron a bailar.
Solsticio – James Patrick Kelly
Mirrorshades muestra mundos complejos, caracterizados casi siempre por la omnipresencia de la tecnología y las estructuras de control. En muchos relatos la tecnología, neutral en principio, es explotada por estados y megacorporaciones con el objetivo de mantener la ilusión del orden.
Los dos animales arrastraron al tío menudo por el tobillo hasta un quiosco de forma oblonga, y lo metieron en una cápsula. La sellaron, garabatearon un informe que pegaron al marco de del plástico duro de la cápsula. Luego metieron la cápsula del hombre en el tubo succionador del quiosco. La cápsula fue succionada hacia abajo, de acuerdo al principio del correo por tubo, hasta la cárcel de Zona Libre.
Zona Libre – John Shirley
Y por supuesto, ante este panorama muchos de los personajes intentan escapar del control y la escasez dominantes buscando espacios más libres donde poder desarrollar una identidad propia.
La no simplificación estética y el tono negativo en muchos de los relatos, los dotan de un realismo crudo que muchas veces funciona como una advertencia disparada desde la atemporalidad de universos ficticios pero llamativamente reminiscentes.
La luna desaparece oculta por el hirviente humo negro; es el mismo humo que vimos flotar ayer sobre la ciudad mientras las estrellas saltaban como las chispas en un accidente de tráfico. El perfume de la Señora Muerte se está deslizando por aquí.
Los chicos de la calle 400 – Marc Laidlaw
Valdrá la pena explorar, tantear el muro hasta encontrar el ladrillo suelto tras el cual podamos llegar a los espacios libres, porque hoy ya es mañana.
Buen comienzo!